Hoy que vuelvo a mis raíces, hoy quiero dedicar estas letras a quien desdeña Mi Pueblo, sin conocer siquiera.
"Mi pueblo no tiene nada", dicen algunos eruditos de cubata y taberna. Pues señor, usted no es del mismo pueblo que yo, o al menos no lo vio igual.
Mi pueblo tiene el río Tinto, corriente sanguínea de la misma Gea, no puede usted hablar si no olió los tomillares de Valpajoso, ni ha visto la mágica marroquinería, que forman las suaves sombras del eucalipto, sobre la suelta y dura roca de la Dehesa Boyal.
Si no vio anochecer en los Cabezos, ni amanecer en el Palmar. Ni se rasgò las ropas en la Dehesa Espina, si le hablan del Rancho del Willy e imagina un desierto y Clean Eastwood.
Si el Alto de la mesa, no es para usted más que un raspado llano, en vez de un mirador singular.
¿Como puede menospreciar la tierra que de su nacimiento fue altar?, este terruño que sus antepasados regaron de sudor y lágrimas. El terreno que su abuelo o incluso su padre defendieron, con sangre y valor.
En mi pueblo hay una roja y centenaria rosa, que florece por las calles a hombros de fuertes caballeros y una paloma blanca, que alza el vuelo sobre el fervor de valientes costaleros.
El patrón San Vicente Mártir, que al menos un día asegura, pan y sardinas regados con vino de la villa.
Yo he soñado, por febrero, máscaras y papelillos volando en su carnaval.
¿Ha saboreado usted el aceite que aquí se cría?
Se extrae del Cortijo, Montejique y la Aguilosa donde crece el olivar.
Si no disfruto el camino de San Isidro, ni hizo noche en el Huerto de la hambre.
¿No disfruta la feria, por agosto o la puja de la Virgen, rondando la navidad?
Si no paseo en Semana Santa, junto a la Dolorosa, Nazareno, Angustias o Cristo de la Bondad.
Pues señor, usted no es del mismo pueblo que yo, o al menos no lo vio igual.

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