Madrid capital del reino, amasijo de cemento, alquitrán y gente, colapsado de polución. Aquí paso los días, deseando ver la luz del sol sin boina que me desproteja y las noches paseando por calles en las que los astros que más iluminan están a 3 metros del suelo. Cuando por fin encuentro algo de oscuridad y consigo ver el firmamento, he de conformarme con los pocos metros que separan los edificios de algún callejón perdido. Allí no, en la capital de mi corazón, con sus casas bajas y encaladas, que reflejan el sol, sin más boina que le moleste que la de algún viejo paisano. Y al caer la noche, cesa el sonido, los oídos se embriagan de silencio, Y los ojos se pierden en las miles de motas centelleantes que se posan en su cielo, observado desde cualquier callejuela. VILLARRASA CAPITAL DE MI CORAZÓN.