Como yo, habrá muchos que recuerdan a ese oscuro cazador, que mató a la madre de Bambi... ¿O no? Nunca lo vimos ¿verdad? Sólo oímos los perros, el sonido del disparo, la sombra de un venado caer, pero no al cazador.
Vamos a empezar suponiendo que con la nevada que caía en la película, alguien se arriesgue a adentrarse en el bosque, eso indica que o bien esta fuera de juicio, o bien no lleva buenas intenciones. De esto deducimos que es un loco o un furtivo, o incluso ambas cosas. Por lo que podemos quitar a cualquier CAZADOR, como responsable de la muerte de madre de Bambi.
Aun asi, hoy me vengo a referir, a lo que pasaba con el resto de familias de amigos de bamby. ¿Alguien sabe que pasaba en ese mismo momento con la familia, por ejemplo... de tambor? ¿No?, pues bien les voy a contar algo, también morían, sí, y también a manos del hombre.
No de un cazador, ni siquiera agricultor, no el buen señor era todo un profesor universitario, aficionado a la jardinería; al cual le molestaban los roedores e invento un potente pesticida. O eso le pareció, en realidad acababa de introducir la mixomatosis, que junto a la hemorragia vírica, son las dos enfermedades causantes de la reducción drástica de la población de conejo hoy en día.
Volviendo a la familia de nuestro amiguito, os podéis imaginar el tipo de muerte...Los ojos tan pegados de legañas, q son incapaces de esquivar peligros, ni comer y se van debilitando, como una pequeña llama. O con virulentas toses, mientras se desangran por boca y nariz.
Si, así murió la familia de Tambor, y tantos descendientes de este.
Entonces fue el CAZADOR , quien como tantas veces, comenzó a invertir a través de cotos, federaciones, etc, en investigación, vacunas y todo lo que fuese necesario para salvar a Tambor y toda su descendencia.
Mientras los supuestos seres de luz, amantes de los animales, malgastaban esfuerzos, utilizando a bambi, un bello animal, grande, y de sanas poblaciones( que ya se encargan los cazadores, que asi sea) y que por supuesto, no quedo solo en el mundo, ya que viven en manadas, amen de que era un personaje de animación, y los millones de conejos muertos desde entonces no.
Y en esas seguimos,:los cazadores intentando mantener el campo, y los animales, aportando agua, alimento y cuanto les sea necesario. Mientras ellos pintan a bambi en sus pancartas, para pasearlas por las calles de grandes ciudades, y poder seguir sacando ayudas y subvenciones, mientras nosotros aportamos vida de nuestros bolsillos.
Luis M Pevidad
sábado, 5 de agosto de 2017
viernes, 21 de julio de 2017
Que difíciles las musas,
cuando no quieren aparecer;
Que difícil dar forma a las letras,
Cuando parece olvidaste leer.
Solo quiero contar la belleza
De este rojo atardecer,
Solo colorear de verdes la sierra,
Para que aún lejos la puedas ver.
Quiero que huelas el romero
Que acaba de florecer.
Poder hablarte de este otero,
Donde aprecio un hondo vergel.
Que difíciles las musas,
No me quieren complacer.
¿Como hacerte sin sonido
Oír al jilguero, alondra o Verdón?
Contarte que el conejo
De su cueva no salió,
Temiendo el chaparrón.
Quisiera describirte,
Como el jabalí gozó
En la charca del cercón.
La alegría del setero,
Al ver el gurumelo
Asomar bajo el terrón.
Cuan indolentes las musas,
Que se niegan a volver.
Me gustaria que sentado
A esta mesa,
A buena altura
Y sin sillón.
Abrieras bien los ojos
Y ensancharas el corazón.
cuando no quieren aparecer;
Que difícil dar forma a las letras,
Cuando parece olvidaste leer.
Solo quiero contar la belleza
De este rojo atardecer,
Solo colorear de verdes la sierra,
Para que aún lejos la puedas ver.
Quiero que huelas el romero
Que acaba de florecer.
Poder hablarte de este otero,
Donde aprecio un hondo vergel.
Que difíciles las musas,
No me quieren complacer.
¿Como hacerte sin sonido
Oír al jilguero, alondra o Verdón?
Contarte que el conejo
De su cueva no salió,
Temiendo el chaparrón.
Quisiera describirte,
Como el jabalí gozó
En la charca del cercón.
La alegría del setero,
Al ver el gurumelo
Asomar bajo el terrón.
Cuan indolentes las musas,
Que se niegan a volver.
Me gustaria que sentado
A esta mesa,
A buena altura
Y sin sillón.
Abrieras bien los ojos
Y ensancharas el corazón.
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