Sentado bajo el frondoso y añejo vigilante. Observando el discurrir de la sangre de Gea, quebrando y coloreando con su arteria, parte de mi tierra, tras desgarrar los minerales de las entrañas de la madre.
Alli oigo los susurros de cada gota, luchando por atravesar el inamovible cadaver del antaño hacedor de harina, o rugiendo alocadas en una desesperada caida por la rocosa presa.
Asi perdido en mis pensamientos, creo que cada arbol de este cauce, cada piedra de este rio, podria contar mi historia.
Siento que mi vida es el rio que observo, mi cuerpo el cauce, mis días gotas de agua, ni uno de ellos pasa sin dejar una pequeña huella en mi.
Ahora se que pertenezco al tinto y el tinto es mio, que por años que pasen, cada vez que vuelva a mi villa, volvere a ver sus aguas, al igual que otros antes. Como atestiguan las mil iniciales retalladas en el viejo arbol.
miércoles, 24 de abril de 2013
Rio de sangre
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